Taurins et toreros repentis, témoignages sur Elrincondemarga

Publié le par Pression Ethique Anti Corrida Europe

Reçu d'isabel Ideleyes

Témoignages de taurins et toreros repentis

Bravo à eux d'avoir le courage d'exprimer publiquement leur repentir et de témoigner.

 

 

Taurinos y toreros arrepentidos; testimonios y manifiestos


 

taureau-horrible

 

El testimonio de un Ex Taurino (Juan Fernando Echeverri Calle)

 

“Fui un gran aficionado a la “Fiesta” Brava no obstante ser enamorado y amante de los animales. No me perdía corrida, fui cofundador de la Porra a Ramón Ospina –El Insobornable- asistí a festejos, foros, charlas, trincas y todo lo que tenía que ver con el mundo del toro, hasta que hace unos años me llegó este mensaje…y las lágrimas de ese toro cárdeno, sumadas a una hermosa y sentida columna en EL COLOMBIANO de Alvaro Múnera “El Pilarico” me hicieron pensar.Que crueldad y yo celebrándola. Que asesinatos y uno gozando con ellos. Que infamia a los ojos de Dios y de los hombres. Que herencia de las cavernas y del circo Romano. ¡Nos quejamos de la violencia en Colombia y la crueldad?… Nunca más volví a toros…¿Qué no sienten? ¿Qué nacieron para morir en la arena? ¡Mamola! Unguentos adormecedores que se echan en la conciencia los “taurinos”, para aliviar su pena”¿Cuándo acabaremos con la “fiesta” brava y utilizamos dichos espacios para eventos de verdadera culturización y esparcimiento ciudadano?¿Cuándo utilizaremos los teatros y los espacios televisivos para enseñar principios y valores y no para hacer la apología del delito y para catequizar a futuros sicarios y delincuentes? (el capo, las muñecas de la mafia, Rosario tijeras, los pecados de mi padre, etc)¿Dónde están encuevados los Ministros y los Secretarios de Educación, Cultura y Medio Ambiente?

 

Jorge Ross, torero arrepentido


Hay que estar mentalmente enfermo o ser el lógico engendro de una ignorancia tenebrosa para disfrutar con la práctica de la crueldad; pero utilizar el instrumento de la retórica para que esa práctica perdure, convertida en un derecho humano, es el acto demoníaco por excelencia.Este acto llamado “rasgo cultural” es una barbaridad… que dolor más grande y sufrimiento injusto deben sentir los toros antes de morir y cómo la gente puede disfrutar de estos espectáculos de maltrato animal, que sólo sirven para un desorientado entretenimiento (in)humano.Realmente tengo la esperanza que este tipo de actos se terminen extinguiendo al igual que en su tiempo fueron, las luchas de gladiadores.

 

Ex torero “Chiquilin”

«Ahora no puedo ver un descabello y vuelvo la cara. Los animales sufren y le duelen las cosas. Los toros te miran y tienen cara de buena gente». ¿Hoy sería capaz de matar a un toro? «Ahora no. Tengo piedad de ellos». «Una vez me dio cosa matar a uno, por que el animalito era muy bueno. Me tenía en el suelo, me miró y no me quiso hacer nada». ¿Y esas cosas pasan? «A mí me pasó. Me miró y me dijo: «¿Qué hago? ¿Te mato?». «Yo he visto a toros llorar. El toro siente y, a la vejez, me ha dado sentimiento de los toros. Tengo una perra desde hace ocho años y me ha hecho cambiar con los animales. Yo, que he ido de cacería todos los días durante mucho tiempo, ahora soy incapaz de matar una mosca. El otro día un grillo me dio la guerra toda la noche, hasta que me levanté y lo encontré en la maceta. Lo miré y lo solté. Increible. Me ha pasado algo muy raro».

 

EMILIO SORIANO |Emilio J. Soriano es director del Colegio Público Antonio Díaz.

Me aficioné a los toros, siendo un niño, a través de la televisión. Entonces eran frecuentes las retrasmisiones de corridas, amenizadas por la magistral locución y erudición del inigualable maestro Matías Prat. En mi memoria quedaron los nombres y las faenas de los diestros Diego Puerta, Paco Camino, El Viti, Ordóñez, Palomo Linares, Curro Romero, El Cordobés, etc. He disfrutado con la belleza y el arte de una buena faena cuando el toro entra y el torero está acertado. A las plazas de toros fui en contadas ocasiones por razones económicas. Las últimas corridas las presencié en el coso de La Condomina: fueron festivales organizados a favor de la Asociación Española Contra el Cáncer.Llegó un momento en que decidí no ir más a la fiesta porque dejé de disfrutarla: cuestionado por el rechazo que mis hijos manifestaban hacia las corridas comencé a poner mi atención en el toro, en detrimento del buen hacer del torero. Paulatinamente fui tomando conciencia de que allí había un pobre animal que sufría terribles daños físicos para que nosotros nos divirtiésemos; sufrimiento que empieza en los chiqueros y culmina con una muerte atroz.

 

El profesor Salvador Hidalgo

explicaba con detalle en su artículo ‘La vergüenza nacional’, publicado en estas mismas páginas, la tortura que se infringe al toro en cada lance de la corrida). Fui percibiendo lo bárbaro que es este festejo, y comencé a preguntarme cómo podíamos permanecer impasibles ante la brutal suerte de picadores, levantarnos alborozados de los asientos, aplaudiendo efusivamente, cuando un banderillero ensartaba al toro con puñales multicolores, cómo se podía jalear al maestro, por mucha belleza que tenga el toreo al natural, cuando incitaba con el capote a un animal agotado que no dejaba de manar sangre, o presenciar el sadismo de los pinchazos, estocada y descabello. Me interrogaba por qué toda la plaza saltaba alborozada ante tamaño sufrimiento; la contemplación del arte torero en una buena faena que exulta al espectador es la explicación.. Pero ¿y el toro? ¿por qué no vemos el martirio que está padeciendo? La justificación que encontré fue que durante la corrida, inconscientemente, ‘cosificamos’ al animal, por esto no percibimos su dolor. Sólo interesa su bravura, y que entre al engaño del maestro para que pueda sacar a relucir lo mejor de su repertorio.Pero no podemos negar la realidad, asistimos al suplicio de un noble animal para divertimento nuestro. La apelación a que el toro ha nacido para morir en la plaza es una idea pretenciosa; si él pudiese elegir sabiendo lo que le espera en la lidia, no iría. No es razón argumentar que si las corridas desaparecieran descendería sensiblemente el número de toros nacidos, mejor así que someterlos a la crueldad de su destino final. Tampoco es válida la justificación del riesgo que asume el diestro de perder la vida en un combate de igual a igual, porque no lo es, y porque él elige libremente el peligro. Esgrimir que los quince minutos que permanece el toro en el ruedo es el precio a pagar por la privilegiada vida que se le proporciona en la dehesa, sonroja. El hecho de que hay mucho dinero y puestos de trabajo alrededor de las corridas, con ser cierto, no puede justificar la tortura a un animal por muy bravo que sea. Defender las corridas apelando al pensamiento de insignes filósofos humanistas, o al doctor Martin Luther King, defensor de los derechos humanos para toda raza y condición social es, cuando menos, una broma de mal gusto. Acudir a la tradición tampoco las justifica, las culturas cambian con el paso del tiempo dejando atrás prácticas reprobables. Algunos países ya han erradicado las corridas, otros ha suprimido la caza del zorro, las peleas entre animales, etc.Recientemente, con el fin de proteger la fiesta de los toros se han tomado decisiones políticas, algo precipitadas, declarándola Bien de Interés Cultural en algunas comunidades autónomas. Es cierto que en torno a ella se ha creado una cultura específica que se manifiesta en el vestuario, bordados, vocabulario, música, pintura, literatura, escultura… Sin embargo, es difícil defender como bien cultural un festejo que requiere el sufrimiento gratuito de un animal para que un profesional pueda demostrar su arte.Amable lector, no pertenezco a ningún colectivo antitaurino, pero creo necesaria una reflexión desapasionada de la cuestión. Este artículo es una aportación más al debate público que actualmente hay abierto en nuestro país. Vivimos en una sociedad cada vez más civilizada y garante del derecho de los animales, lo que implica no someterlos a sufrimientos innecesarios para esparcimiento nuestro.

 

Francisco González Ledesma es periodista y escritor.

Perdonen si empiezo con una confidencia personal: yo, que soy contrario a los toros, entiendo de toros. Durante años, cuando me recogieron en Zaragoza durante la posguerra, traté casi diariamente con don Celestino Martín, que era el empresario de la plaza. Eso me permitió conocer a los grandes de la época: Jaime Noain, El Estudiante, Rafaelillo, Nicanor Villalta. Me permitió conocer también, a mi pesar, el mundo del toro: las palizas con sacos de arena al animal prisionero para quebrantarlo, los largos ayunos sustituidos poco antes de la fiesta por una comida excesiva para que el toro se sintiera cansado, la técnica de hacerle dar con la capa varias vueltas al ruedo para agotarlo… Si algún lector va a la plaza, le ruego observe el agotamiento del animal y cómo respira. Y eso antes de empezar.El peligro del toreo, además de inmoral como espectáculo, es efectista

Vi las puyas, las tuve en la mano, las sentí. El que pague por ver cómo a un ser vivo y noble le clavan eso debería pedir perdón a su conciencia y pedir perdón a Dios. ¿Quién es capaz de decir que eso no destroza? ¿Quién es capaz de decir que eso no causa dolor? Pero, claro, el torero, es decir, el artista necesita protegerse.. La pica le rompe al toro los músculos del cuello, y a partir de entonces el animal no puede girar la cabeza y sólo logra embestir de frente. Así el famoso sabe por dónde van a pasar los cuernos y arrimarse después como un héroe, manchándose con la sangre del lomo del animal a mayor gloria de su valentía y su arte.

Me di cuenta, en mi ingenuidad de muchacho (los ingenuos ven la verdad), de que el toro era el único inocente que había en la plaza, que sólo buscaba una salida al ruedo del suplicio, tanto que a veces, en su desesperación, se lanzaba al tendido. Lo vi sufrir estocadas y estocadas, porque casi nunca se le mata a la primera, y ha quedado en mi memoria un pobre toro gimiendo en el centro de la plaza, con el estoque a medio clavar, pidiendo una piedad inútil. ¡El animal estaba pidiendo piedad…! Eso ha quedado en la memoria secreta que todos tenemos, mi memoria del llanto.Y en esa memoria del llanto está el horror de las banderillas negras. A un pobre animal manso le clavaron esas varas con explosivos que le hacían saltar a pedazos la carne. Y la gente pagaba por verlo.El que acude a la plaza debería hacer uso de ese sentido de la igualdad que todos tenemos y darse cuenta de que va a ver un juego de muerte y tortura con un solo perdedor: el animal. El peligro del toreo, además de inmoral como espectáculo, es efectista, y si no lo fuera, si encima pagáramos para ver morir a un hombre, faltarían manos y leyes para prohibir la fiesta.Gente docta me dice: te equivocas. Esto es una tradición. Cierto. Pero gente docta me recuerda: teníamos la tradición de quemar vivos a los herejes en la plaza pública, la de ejecutar a garrote ante toda una ciudad, la de la esclavitud, la de la educación a palos. Todas esas tradiciones las hemos ido eliminando a base de leyes, cultura y valores humanos. ¿No habrá una ley para prohibir esa última tortura, por la cual además pagamos?

Perdonen a este viejo periodista que aún sabe mirar a los ojos de un animal y no ha perdido la memoria del llanto.

 

Alvaro Múnera ex torero, "El Pilarico"


Dice el escritor y periodista Jorge Ross en su libro La hora de los Jueces: ‘Es preciso estar mentalmente enfermo o ser el lógico engendro de una ignorancia tenebrosa para disfrutar con la práctica de la crueldad, pero utilizar el instrumento de la retórica para que esa práctica perdure, convertida en un derecho humano, es el acto demoníaco por excelencia’.

No creo que en aquella época de equivocadas decisiones cuando hice parte del mundo taurino estuviese mentalmente enfermo, pero de lo que estoy absolutamente convencido es que sí era el lógico engendro de una ignorancia tenebrosa.

Ignorancia que Dios quiso dejara atrás atravesando a ‘Terciopelo’ en mi camino, esclareciendo mi óptica del mundo después de haber superado con creces una limitación física, dedicar mi vida al servicio y vivir cuatro años fuera del país señalado como un absoluto delincuente por lo que le hacía a los toros.

 

Sabemos que para justificar su afición por las corridas, de retórica se arman hasta los dientes los amantes al coliseo romano moderno, le cuelgan a ese rito de sangre y muerte toda clase de arandelas, lentejuelas, labia pomposa y pasodobles, cuando la realidad de la mal llamada ‘fiesta’ es clavar, clavar y enterrar hasta matar, cuanto elemento corto punzante se tenga a la mano en el cuerpo del inocente animal, tan sensible al miedo y al dolor como usted, como su perro o como Yo, el cerebro del torturado responde ante el dolor de la misma forma en todas las especies, ¿hacemos la prueba en usted señor Capellán de la plaza, en usted señor periodista o en usted señor abonado de sombra?

Es cierto que una cosa es mirar los toros desde la barrera, obvio, si hasta allí no llegan los puyazos, la tortura y la muerte, es mejor beber manzanilla y gritar ¡Olé! Que vomitar sangre a bocanadas con una espada incrustada en los pulmones, no es necesario tener mínimas nociones de anatomía para entender que todo ser viviente con un sistema nervioso central sufre cuando le hieren, basta aplicar la máxima cristiana ‘No hagas a otros lo que no quisieras que te hicieran a Ti’.

Vivimos y para nuestra vergüenza como sociedad que procura ser cada día más civilizada, la masacre por diversión de cincuenta toros en el centro de ‘espectáculos’ la Macarena.

 

Sin embargo soy optimista, la gran legión de ex taurinos arrepentidos crece a pasos agigantados, personas que como Yo entendieron que a todos nos llegará La hora de los Jueces y muy seguramente la crueldad no será la actitud que se tenga en cuenta por Dios como una virtud, los invito a reflexionar, nunca es tarde. Prueba de esto lo encuentran en la entrevista que el periódico ABC de Madrid le hizo al ex torero ‘Chiquilín’ el 27 de noviembre pasado, dice literalmente otro que torturó animales ‘Ahora no puedo ver un descabello y vuelvo la cara, los animales sufren y les duelen las cosas, los toros te miran y tienen cara de buena gente’. Pregunta el periodista ¿Hoy sería capaz de matar a un toro? ‘Ahora no, tengo piedad de ellos, Yo he visto a toros llorar’.

 

‘El Pilarico’ también los vio llorar y mientras persista esta crueldad, el corazón de Álvaro Múnera y el de millones de personas no dejarán de llorar por todas las víctimas humanas y no humanas de la violencia, y demoníaco será por excelencia si esa violencia se aplica por diversión

Miguel Angel Martinez ex aficionado , ahora coordinador de reportes de crueldad contra fauna doméstica

Antes de comenzar debo presentarme pues al decidir escribir sobre toros, es por que se perfectamente lo que digo. Fui aficionado a los toros desde los 10 años. Trabajé en una ganadería de toros bravos por 7 años. Participé de todas las labores que implica un lugar como éste. Colaboré directamente con los matadores de toros y rejoneadores, con subalternos, picadores y empresarios taurinos. Conozco bien este mundillo de la tauromaquia. Yo, que trabajé años para una ganadería, que estuve presente en los traslados a la plaza de toros, que vi lo que ocurre tras bambalinas, puedo, con conocimiento de causa, dar mi testimonio.

 

Una de las principales excusas para continuar con las corridas de toros es que algunos las consideran arte. Arte a costa del sufrimiento y maltrato que sufren los toros desde los primeros días de nacidos.

Cuando el toro nace, es separado de su madre a las pocas semamas. Las crías son encorraladas y alimentadas con anabólicos y esteroides para que se vuelvan más musculosos y así puedan cumplir con la presencia (características físicas) que exigen en las plazas donde se lidearán y morirán.

Son resgistrados con el escudo o emblema de la ganadería a la que pertenecen. Se les asigna cuando nacen un número que es de hasta 3 dígitos. Todos estos datos son registrados en un libro. Estos datos, son que llevarán durante su corta vida. Pero no crean que se les cuelga una placa…se les marcan los cuartos traseros con hierros al rojo vivo que se calientan en fogatas. Como menciono, tienen el hierro de la ganadería más el número que los distingue, que es hasta de 3 dígitos. Lo que ocurre es que se les marca (quema) por lo menos 4 veces, ¡con los hierros casi a punto de fundirse! No hay anestesia ni tranquilizante que mitigue el dolor de quien en ese momento, es apenás un animal de algunos meses de nacido. Los becerros literalmente, se retuercen de dolor. Pero no todo es malo según los ganaderos hasta les ponen sus polvitos para que cicatrice más rápido . Las quemaduras son de tercer grado, de otra forma el marcaje no se distinguiría a lo lejos.

De forma que así es como inicia el de esta tradición. ¿Qué les parece?

 

 

Juan Carlos Dávalos (escritor argentino)


Aunque figure mi nombre entre los que propician el proyecto de fundar en Salta una plaza de toros, creo necesario, para quedar a mano con mi conciencia, declarar que esa firma, puesta a la ligera, no responde a mis convicciones íntimas, sino a mis sentimientos e impulsos primarios de individuo que lleva en sus venas sangre española. Y nadie se escandalice de esta chocante duplicidad, porque la esencia misma de la naturaleza humana, en todo ser que actúa y piensa, es contradictoria, y a menudo fluctúan y combaten en la superficie las ideas y convicciones y en lo profundo los instintos, los impulsos y los sentimientos, cuando no las pasiones. Por una estúpida contradicción entre lo que somos y lo que deseamos que el mundo sea, propugnamos en este momento, por un lado el sacrificio de toros y caballos y toreros —¡de caballos, pacífico herbívoro, nuestro leal amigo y víctima!— como honesto esparcimiento; mientras por otro lado le pedimos al dios de las batallas que no haya más guerras ni más estragos ni más horrores, porque, como cristianos viejos, de sangre española, que es decir católica, profesamos la fe que ordena al bípedo implume, pero feroz: ¡No matarás!… No matarás al menos sin necesidad. En este mismo instante crítico de la historia humana, en tanto que los políticos se enseñan los colmillos, mientras rusos y yanquis están a partirse el alma por quién domina en los Dardanelos, un militar romántico, un heroico y auténtico hombre de guerra, exclama ante el mundo con voz de arcángel del Apocalipsis: “Llegará el día en que la civilización colocará a los militares entre los desocupados permanentes”. No es, por supuesto, una alusión a los ejércitos que no pelean, ni a los que jamás pelearán. No tengo derecho a dudar de las palabras del insigne Eisenhower, pero sí debo guardarme muy bien de tomarlas al pie de la letra. Ya está probado que los guerreros impasibles del porvenir serán los sabios; los cuales, con sólo mover palancas y apretar botones, podrán desencadenar enormes fuerzas e imponer condiciones al enemigo, sin arriesgar más vidas que las estrictamente indispensables. En el terremoto de Lisboa perecieron setenta mil personas; poco más o menos el estrago de una sola bomba atómica, que puede ser arrojada desde un avión sin piloto…Confieso que yo pensaba en esto cuando firmé frases como ésta, referente a los toros: “En un solo instante, por un arranque temerario de valentía, puede llegarse a cosechar el cálido homenaje de las fervientes ovaciones como la frialdad inerte de la muerte”.

¿Cómo he podido elogiar así el arte frío de matar a una pobre bestia acobardada, cansada, enceguecida por la sangre que le chorrea de las cejas? ¿Hay heroísmo real, verdadero valor temerario en ello? Lo temerario es la perfidia, la crueldad que hay en convertir a una noble bestia herbívora en un tigre.

 

Veamos la opinión de Bernard Shaw, quien, a propósito de las bodas de Alfonso XIII con la princesa Ena de Battenberg, escribió lo que sigue:

 

“Ha quedado evidenciada la falsa posición, de la que no pueden escapar ni el Ejército de Salvación ni la Iglesia de Inglaterra ni ninguna otra organización religiosa, como no sea mediante una reconstrucción de la sociedad. Ellas tampoco pueden limitarse a tolerar pasivamente al Estado lavándose las manos por los pecados que éste comete. El Estado está forzando constantemente las conciencias de los hombres con sus violencias y con sus crueldades. No satisfecho con pedirnos dinero para mantener a sus soldados y a sus policías, a sus carceleros y a sus verdugos, nos obliga a tomar participación en sus actividades, so pena de convertirnos en víctimas de su violencia. Al tiempo que escribo estas líneas el mundo asiste a un acontecimiento sensacional.. Se ha celebrado un matrimonio de reyes, primeramente con la administración del Sacramento en una catedral, y después con una corrida de toros, que ofrece como entretenimiento mayor el espectáculo de los caballos que ensangrienta y destripa el toro para que después, cuando el toro está tan exhausto que ya no ofrece peligro, lo sacrifique el prudente matador. Pero el irónico contraste entre la corrida de toros y el Sacramento no conmueve a nadie. Hay otro contraste: entre el esplendor, la felicidad y la atmósfera de bondadosa admiración que rodean a la joven pareja y el precio a que hay que pagarlos —bajo nuestros abominables sistemas sociales— en miseria, inmundicia y degradación de millones de otras parejas jóvenes”, etc. Y el utópico George Bernardo Sardanápalus, como él mismo se apellida, salta de aquí, hecho un arlequín, hasta el elogio del anarquista o del anarquismo. Yo no voy a seguirlo hasta tan lejos; pero me parece razonable su opinión de que si deseamos sinceramente un Estado cristiano y una pacificación de la sociedad, no se fomentan estas beatíficas tendencias inculcando a las masas el gusto por los sangrientos espectáculos que inconsciente o maliciosamente fomentamos en ellas. Y continúa Shaw: “Y comentemos cortesanamente el fino tacto y el exquisito gusto de las damas de nuestras casas reales, que aun cuando deba presumírselas plenas de natural ternura, han sido educadas tan bien que es posible hacer que vayan a ver la matanza de los caballos con la misma docilidad con que irían a ver un espectáculo de gladiadores, si fuera ése el espectáculo de moda en la actualidad”.

 

Salta, octubre de 1946.

~ por Marga en 21 noviembre 2010.

Permalien :

http://elrincondemarga.wordpress.com/2010/11/21/taurinos-y-toreros-arrepentidos-testimonios-y-manifiestos/ 

 

PERDÓN HERMANO ANIMAL

 
La próxima vez que te cruces con un animal pidiendo que lo ayudes, no sigas de largo haciéndote el tonto con miles de excusas que no te podrán sacar la culpa y la vergüenza de encima.
 
 
Por favor,hay muchos inocentes en todas las perreras de España a los que MATAN TODOS LOS DÍAS.
Visita una perrera y salva vidas.
Mirad las fotos y casos urgentes aquí :

http://animalessinhogar.naturalforum.net/sos-en-perreras-f3/


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"En un pais donde es más peligroso defender a un animal que matarlo, en un pais donde hay que tener más valor para protegerlo que para maltratarlo, miles de personas anónimas dedican su tiempo a luchar por un trato digno, sin maltrato,sin violencia, sin tortura. Ellos son los verdaderos MAESTROS, ellos son los verdaderos HEROES."

Publié dans La corrida c'est quoi

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